Tengo miles de cosas en mente en este momento, tantas que ya me empezó a doler la cabeza.
30 años.
Y una gran nada, si miro para atrás. Sólo partes de cosas inconclusas por todos lados.
Muchas cosas hechas a desgano, por insistencia ajena; muchas situaciones vividas, algunas superadas por inercia o costumbre, otras, a fuerza de golpes que me dejaron magulladuras en el alma que demoran demasiado en sanar. Algunas buenas, también.
Y recuerdos, qué cantidad. De todo tipo y color. Buenos, malos, pésimos, simpáticos, desechables.
De a poco estoy depurando mi caja mental donde amontono el pasado, pero es una tarea ardua y poco felíz. O será que yo me siento así.
Tengo un poco de ayuda. Mi ángel guardián me sostiene la mano y no me deja caer, y me escucha lamentarme día tras día. Pero imagino que hasta eso se puede terminar, la paciencia tiene un límite. El mío es muy chiquito, nivel de tolerancia al mínimo (a riesgo de implosionar).
Monotonía repetitiva desde hace... 2 ó 3 años? Mi vida transcurre, pero no siento que sea vivida. Es gris. Yo me siento gris. Puertas que se cierran, gente que uno va perdiendo por el camino, inercia, como esperando algo que no sé que es pero que nunca llega.
Y la nada, esa nada asfixiante.
Tengo familia, me casé hace poco, relativa salud, un techo sobre mi cabeza y comida no me falta.
Me falta darme cuenta qué es lo que me falta. Pero sé lo que me sobra (además de unos cuántos kilos): d-e-p-r-e-s-i-ó-n.
Y es complicado vivir así, viendo todo negro y cuesta abajo todos los días, cuando afuera hay sol y tantas razones para salir (aunque a mí no me motiven).